Históricamente, en Europa al menos, las distintas iglesias controlaban casi todas las universidades, financiándolas u obligando por ley a que los tutores tomaran los hábitos. Sir Isaac Newton fue un caso excepcional, ya que no tomó los hábitos cuando fue nombrado Catedrático Lucasiano de Matemáticas en Cambridge (un puesto que ocupa actualmente Stephen Hawking), pues argumentó que el puesto exigía que el titular dedicara tiempo a la ciencia, no a la Iglesia anglicana. Sin embargo, la obligación de que los profesores abrazaran la doctrina de la Iglesia hacía que las universidades tuvieran un sesgo conservador. Aunque había becas, los estudiantes tenían que disponer de dinero, lo que reforzaba este conservadurismo. Aunque de las universidades surgieron ideas disparatadas y amenazadoras acerca del mundo y su funcionamiento, las instituciones rara vez eran un caldo de cultivo de radicales o revolucionarios.




